LIBROS, ALCÁZARES Y SALMOREJO. CÓRDOBA BELLA.

El VII SALÓN DEL LIBRO INFANTIL Y JUVENIL DE CÓRDOBA fue el escenario «Darwiniano» de los encuentros con los chicos y chicas de los IES Al Hakan II y Medina Azahara.  

En el marco de la Biblioteca Central, engalanada de fiesta en honor al autor del «Origen de las Especies», se celebraron talleres, encuentros literarios e infinidad de juegos. Y ahí estaba yo tambien, gracias a la invitación de Ana Rivas y la editorial EDEBÉ. 

Con su desparpajo andaluz los más jóvenes de primero de ESO me cosieron a preguntas mientras que los de tercero, más cautos, se reservaban para el final y daban en el clavo. A unos y otros mil gracias por atender pacientemente mis explicaciones y por haberse leído el Clan de la Loba.  A su favor (y al de sus profesores) consignar que consiguieron leer valientemente el primer libro de la Trilogía de las Brujas en un tiempo récord.  Puesto que rezuman simpatía y no se arredran ante las dificultades estoy segura de que leerán tambien Magia de una noche de verano y tendré ocasión de volver a visitarlos.

Y es que Córdoba bien vale un viaje en AVE.  Ciudad de patios, fuentes, mezquitas, alcázares, iglesias y naranjos donde los mundos  se interseccionan caprichosamente. Mosaicos romanos en los muros del alcázar cristiano, catedrales cristianas en el interior de la mezquita musulmana. Institutos laicos con nombres de emires. Córdoba es un paseo de curiosidades por la historia delirante de nuestro país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y por la gastronomía. Su salmorejo (rico, rico) sus flamenquines y su pastelón. Y para celebrar el caluroso otoño  me invitaron a comer al mejor restuarante de la ciudad, el Caballo Rojo, donde pude comprobar in situ que los cordobeses, además de simpáticos son buena gente donde los haya. El maitre del restaurant no nos permitió comer frituras y se empeñó en darnos de comer bueno, bonito y barato. Vaya, como tiene que ser.

Una comida deliciosa amenizada por Alicia, Arancha y Fede, de la Editorial Edebé, expertos en lencería china y ajustes de cuentas.

En la foto inferior izquierda  los cuatro comensales satisfechos: (Alicia, Arancha,  Fede comiéndose sus   riñones y yo). En la foto inferior derecha Alicia y Arancha posan junto al maître. El hombre ya estaba tranquilo. Se nota.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Y en compañía tan agradable me despedí de la ciudad del Guadalquivir desde lo alto  del puente romano.  

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *